Por culpa de Candy, Remy, Marco y otros dibujos animados de los ochenta, soy una pobre niña sensible que llora por todo.
Siempre he pensado que las cosas que no son planificadas resultan mejor que las que organizas con anticipación, a veces nos damos mucho tiempo para buscar excusas de descarte. Al final, partí al show de Phoenix y pienso que hace mucho tiempo no me sentía tan cómoda y feliz: grité, canté, bailé y me moví como loca, me reí y vi harta gente rara, yo era una más.
Unos gringos me tomaron una foto, lo más probable para llevarse una imagen de una “autóctona” chilena y yo les sonreí porque no me importaba nada. Al terminar el show, no tenía voz, mis rodillas me dolían, perdí un aro y me avisaron que la luz estaba cortada en casa. Aún así, me fui feliz, porque celebré junto a mi banda favorita la buena noticia de mi viejo.
