Soy una mujer dispersa.
Me gusta el negro, pero a veces prefiero muchos colores.
Me encantan los dulces, pero a veces opto por maníes y snack por doquier.
Amo los animales, pero no puedo recoger todos los que quisiera.
Tengo miles de proyectos, con la certeza de que la mitad no podré cumplir.
Leo y dejo el mismo libro todo el tiempo.
Me divierto tanto, pero me aburro pronto.
Me río mucho, pero me aguanto para no caer mal.
Pienso tallas que nunca tiro.
Reto a la gente en silencio y los aconsejo en mi mente.
Entro a la misma tienda todo el tiempo y pregunto el precio de las mismas cosas.
Cuando llego, ya quiero devolverme.
Mi ansiedad me supera.
Busco ser mejor persona, no me resulta, solo por falta de voluntad.
No agradezco mucho, pero siempre digo gracias.
sábado, 12 de junio de 2010
domingo, 6 de junio de 2010
Desierto Florido

Vi el desierto florido.
No fui al norte para conocerlo. Pero mi estado actual se asemeja a un desierto florido, a una situación única en un lugar inhóspito pero que, sin embargo, se da igual. Así, cuando uno lleva todo el tiempo luchando por cosas, la mayoría sin importancia, un par realmente importantes, y, de pronto algo surge con el nombre de bueno, oportunidad, esta es la tuya y otras payasads, creo que estoy en un desierto florido.
Y aunque nunca he visto el desierto florido, me siento en un momento único de mi vida, que, sin el amor de importantes personas, no tendrían la connotación que le estoy dando ahora. A tomarme fotos!.
jueves, 5 de noviembre de 2009
Renovación
A veces busco renovarme, pero no me resulta mucho, aún así lo intento y me siento bien cuando logro un porcentaje de alegría en mi vida.
lunes, 26 de octubre de 2009
MI bipolaridad
Suelo dar a conocer todos mis proyectos y sueños con naturalidad, la gente me escucha, comprensible, sabiendo que, en el fondo, es otra de las tantas cosas que no cumpliré. Soy tan dispersa que un día quiero negro y al otro día quiero blanco. Un día tomo café y al otro día solo quiero té. Dejo de comer carne y luego me vuelvo una carnívora. Un día quiero ser una gran periodista, otro día me da lo mismo y al diablo las malditas comunicaciones, los escritos perfectos, el hablar adecuado y toda la mierda periodística. A veces quiero enseñar, pero luego no quiero más alumnas en mi vida. Quiero aprender, pero después no tengo ganas de saber nada más.
A veces creo que soy bonita, pero luego siento que tengo rasgos duros, grandes, soy morena y no tengo color en mis mejillas. Otras, quiero vestirme hippie, olvidarme de los pantalones, de los rollos, pero luego me siento que no encajo y me abstengo. Así como siento que no encajo en ningún lugar que frecuento.
A veces quiero hacer un largo viaje, pero solo tengo mi imaginación para concretarlo. También suelo decir que no iré más al doctor, pero ahí me tienen, con las plaquetas bajas y con miedo al porqué de esta situación.
Y más encima escribo, pensando que soy leída, sin embargo, escribo, para, por último, sentir que, todo lo que pienso en el día, lo concreto aquí, en este espacio multisensorial.
A veces creo que soy bonita, pero luego siento que tengo rasgos duros, grandes, soy morena y no tengo color en mis mejillas. Otras, quiero vestirme hippie, olvidarme de los pantalones, de los rollos, pero luego me siento que no encajo y me abstengo. Así como siento que no encajo en ningún lugar que frecuento.
A veces quiero hacer un largo viaje, pero solo tengo mi imaginación para concretarlo. También suelo decir que no iré más al doctor, pero ahí me tienen, con las plaquetas bajas y con miedo al porqué de esta situación.
Y más encima escribo, pensando que soy leída, sin embargo, escribo, para, por último, sentir que, todo lo que pienso en el día, lo concreto aquí, en este espacio multisensorial.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
D o l o r e s
Ya no escribo tanto como antes, a pesar de que las mismas inquietudes ansiosas y de malestar general me acompañan todo el día. Los mismos fantamas, los mismos miedos, las mismas risas, las mismas mañanas, tardes y noches. A veces pienso el los "y si..." y evoco otras realidades, cosas que pudieron haber sido, alternativas, etc, que ya no vienen al caso porque lo que fue ya fue.
Pienso en el amor y sonrío cómplice. Me río de las faltas de ortografías que siempre me topo en otros blog, de las faltas de coma y las pausas, como si fueran escritos con una ansiedad descontrolada. También me rió de los comentarios y de las frases que intentan ser inteligentes o entretenidas, que buscan decir algo ingenioso y que, la mayoría de las veces, están de sobra.
Tengo menos amigas, pero creo que eso no vale mucho, los que tengo, me quieren y me entienden al derecho y al revés.
Voy menos al doctor, no tomo remedios y rezo más. Me molesto un poco menos y disfruto más del día a día, no, eso está demás, casi siempre se me pasa el día quejándome. No he olvidado mis ataques de pánico y aún quiero salir del metro cuando ya estoy en el vagón. También como más despacio pensando que me atragantaré con la comida, y todavía no supero mi trauma de comer pescado sin que salga una espina.
Tengo una talla más, pero eso no me deprime, es más, creo que me favorece. Sigo pensando que algún día tendré un trabajo genial, una casa bonita, una bicicleta con canasto y alegría por la vida.
Sigo teniendo algo muy especial con alguien que me ama y creo que todo no vale nada si no estuviera con él, ni siquiera esto.
Sí, a veces, como la mayoría de los nostálgicos, soy feliz y escribo.
Pienso en el amor y sonrío cómplice. Me río de las faltas de ortografías que siempre me topo en otros blog, de las faltas de coma y las pausas, como si fueran escritos con una ansiedad descontrolada. También me rió de los comentarios y de las frases que intentan ser inteligentes o entretenidas, que buscan decir algo ingenioso y que, la mayoría de las veces, están de sobra.
Tengo menos amigas, pero creo que eso no vale mucho, los que tengo, me quieren y me entienden al derecho y al revés.
Voy menos al doctor, no tomo remedios y rezo más. Me molesto un poco menos y disfruto más del día a día, no, eso está demás, casi siempre se me pasa el día quejándome. No he olvidado mis ataques de pánico y aún quiero salir del metro cuando ya estoy en el vagón. También como más despacio pensando que me atragantaré con la comida, y todavía no supero mi trauma de comer pescado sin que salga una espina.
Tengo una talla más, pero eso no me deprime, es más, creo que me favorece. Sigo pensando que algún día tendré un trabajo genial, una casa bonita, una bicicleta con canasto y alegría por la vida.
Sigo teniendo algo muy especial con alguien que me ama y creo que todo no vale nada si no estuviera con él, ni siquiera esto.
Sí, a veces, como la mayoría de los nostálgicos, soy feliz y escribo.
viernes, 28 de agosto de 2009
Actualización
Decidí actualizar este blog para que no quede obsoleto: Y no ha pasado nada.
miércoles, 24 de junio de 2009
En el metro
Me carga la señora que se para al lado tuyo para que le des el asiento.
Me cargan los que suben escuchando música a todo chancho y tienes que escucharla obligadamente.
También me carga la vieja que grita porque subió una embarazada y alguien debe darle el asiento, obvio que lo hace porque está de pie, en otras circunstancias no daría su asiento.
Me cargan los que se quedan en la puerta y no te dejan bajar hasta que les gritas "permiso".
Me molestan los que no se corren, los que te miran con odio, los viejos con care calientes.
Me cargan las mamás que no le enseñan al cabro chico que debe dar el asiento.
Me molestan los peleadores, los que siempre dicen algo fuerte para que todos escuchemos, los que corren sabiendo que es peligroso hacerlo, los que se pasan la línea amarilla, los que se sientan en el suelo.
Me cargan todos los que toman el metro porque olvidan modales, educación, respecto, privacidad y libertad.
Me carga el metro.
Me cargan los que suben escuchando música a todo chancho y tienes que escucharla obligadamente.
También me carga la vieja que grita porque subió una embarazada y alguien debe darle el asiento, obvio que lo hace porque está de pie, en otras circunstancias no daría su asiento.
Me cargan los que se quedan en la puerta y no te dejan bajar hasta que les gritas "permiso".
Me molestan los que no se corren, los que te miran con odio, los viejos con care calientes.
Me cargan las mamás que no le enseñan al cabro chico que debe dar el asiento.
Me molestan los peleadores, los que siempre dicen algo fuerte para que todos escuchemos, los que corren sabiendo que es peligroso hacerlo, los que se pasan la línea amarilla, los que se sientan en el suelo.
Me cargan todos los que toman el metro porque olvidan modales, educación, respecto, privacidad y libertad.
Me carga el metro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)